REBELIÓN
EN EL “JARDÍN DEL MUNDO”
Hoy debe estar muy arrepentido el entonces Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, cuando hace cuatro años, en octubre de 2022, comparó a Europa con un “jardín” y al resto del planeta con una “jungla”. Hoy estamos presenciando que tal jardín realmente es una jungla, peor, una jungla gobernada por vampiros, tal como lo dijo una vez el presidente ruso Putin. La presencia desde hace tres semanas de protestas masivas estudiantiles en Francia, Italia, España, Bélgica y Países Bajos por miles de jóvenes de la generación Z (los jóvenes nacidos entre 1997 y 2012) refleja un alzamiento contra toda la doctrina de la derecha neoliberal y está derrumbando la ilusión de Borrell.
Mientras los gobiernos de ultraderecha y de derecha, con sus medidas neoliberales, destinan miles de millones al armamento para nutrir la guerra Ucrania – Rusia, con los jóvenes se les dice que no hay dinero para la educación, la vivienda asequible o las políticas climáticas. De Bruselas a Madrid ya no están dispuestos a tolerarlo y cuestionan los fundamentos de nuestra sociedad.
Las protestas de estos jóvenes presentan motivos que varían de un país a otro. A veces se trata de Palestina, otras veces de la educación, el clima, el racismo, los recortes, la vivienda inasequible, el aumento del coste de la vida o los escándalos de corrupción. Pero estas protestas con las distintas reivindicaciones están cada vez más interconectadas, y aparece cada vez más la misma pregunta: ¿en qué tipo de sociedad queremos vivir?
Esta generación ha descubierto que la política es mucho más que marcar una casilla en una papeleta electoral una vez cada varios años. La política también significa reunirse, organizarse, ejercer presión y negarse a aceptar lo que se presenta como inevitable. Su futuro se le ha vendido por unos cuantos multimillonarios.
Se suele describir a los jóvenes como individualistas, adictos a las redes sociales o políticamente apáticos. Esa imagen se sostiene cada vez menos. A través de las protestas juveniles se ve, por el contrario, a una generación muy preocupada por el mundo que la rodea. Esta generación habla de guerra y clima, pero también de los precios de los alquileres, los contratos precarios, la presión psicológica, la discriminación y la mercantilización de la educación.
A los jóvenes se les dice que tendrán que hacer sacrificios. Pero cada vez más de ellos plantean una pregunta sencilla: ¿sacrificios para qué y para quién?
Mientras que los gobiernos europeos aumentan drásticamente sus presupuestos militares y cada vez son más las voces que abogan por un servicio militar obligatorio, ya que la guerra se acerca. En Francia el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas dijo que el país «debe estar preparado para perder a sus hijos». Pero para esta generación eso no es una opción: como demuestran las huelgas de estudiantes alemanas, los jóvenes se niegan a servir de carne de cañón para decisiones que ellos nunca han tomado.
Y difícilmente se puede defender la paz de manera creíble cuando los gobiernos invierten al mismo tiempo cantidades récord en armamento. A través de este tipo de conexiones crece la conciencia política.
El mundo está convulsionado, las nuevas generaciones tienen grandes temores e incertidumbres y Venezuela no se escapa a eso. Son miles de jóvenes en nuestro país que viven en condiciones precarias laborales, tanto en el sector público como el privado, causado por una parte por las sanciones, pero también por el apetito voraz del empresario que desea que vuelva la esclavitud, y parece ser que lo respalda el ministro del Poder Popular para el Proceso Social del Trabajo, Carlos A. Castillo Ascanio, cuando confesó recientemente que, por primera vez en su vida, entiende la angustia de los empresarios cuando se acerca la fecha de pagar la nómina y no hay suficiente dinero.
COMITÉ EDITORIAL
