
Por Miguel David Alfonzo Montenegro
Hoy decidí patear calle y conocer de primera mano el panorama que se está viviendo en las parroquias de El Junquito (Distrito Capital) y El Junko (municipio Vargas, La Guaira). Tengo que aclarar que este relato periodístico recoge las voces de los actores que están en la primera línea de atención y resguardo de la población de El Junquito. El texto aborda el escenario de emergencia que se está viviendo en la zona a través del testimonio directo por medio de la fotografía y la sistematización de las declaraciones que le realicé a distintos actores que estaban representando a un organismo público del gobierno nacional, perteneciente a la sociedad civil, a voceros de los circuitos de los consejos comunales y damnificados del terremoto. Este texto nació de las dudas y preguntas con respecto a la logística y las formas de coordinación que tienen los entes públicos, civiles y comunitarios para responder a la situación de emergencia y tragedia. Además de conocer cuáles son los próximos retos que enfrenta la población de ese sector. Hablé, pregunté, contrasté, jodí, me reí y reflexioné. Fui testigo de los trabajos que se están haciendo en el pueblo. Es pertinente aclarar que El Junquito tiene su propia dinámica y sus propios retos ante esta coyuntura. El pueblo requiere de tu ayuda, pero los niveles de necesidad no son similares a la tragedia de Vargas. Y tampoco son similares a como te lo están pintando en las redes. El texto es una invitación a que sigas ayudando, pero de forma respónsable y que seas crítico frente a la información que socializamos en la redes. Ya si después de leer este carrusel te quedan dudas porque no confías en mí o porque tu sesgo ideológico te nubla el sentido crítico, te invita a seguir scrolleando y olvidar esta información. MÉTELE COCO.
SAQUÉ LA CHAMBA
Entrevisté a la directora del CDI Codazzi, la doctora Requena; a la jefa de calle, la señora Lilian; al concejal del municipio Libertador, Igor Luengo; al presidente de la Unión de conductores Catia-Junquito, José Castro; a la coordinadora del parque Macarao, Mara Dugarte; al coronel Bolívar, perteneciente al cuerpo de los bomberos de El Junquito, y a la jefa civil (o coordinadora de la casa del poder popular), la señora Oropeza. Conversé con un alto cargo de la ODDI que no quiso que se le identificara para este texto. Conversé con policías, obreros, vecinos, damnificados, militares, médicos de la UCV, donantes, motorizados, opositores, chavistas, cristianos, ateos… hablé con venezolanos que quieren ayudar al pueblo de El Junquito.
CONTEXTO Y DATA
Aquí tienes el fragmento corregido, cuidando la ortografía (mayúsculas en nombres propios, tildes) y dándole un toque más fluido para la lectura: El Estado estima que El Junquito cuenta con una población de 63.000 habitantes, de los cuales 20.000 residen o trabajan en la zona central de las dos parroquias, específicamente entre el kilómetro 4 y el 7. La zona roja de El Junquito es el barrio Las Tapias. ¿Recuerdas la calle de las cachapas y el cochino frito? Pues toda esa calle está inhabilitada ahora. La calle se ubicaba arriba de un barranco que con los años se hacía más inestable por el tratamiento de la cría y cuidado de los cochinos, cuyos dueños poco se preocupaban por el suelo. Por lo menos 40 negocios directos cerraron en la arteria económica del pueblo. Atención, aquí se NObuscan culpables. Son las diferentes variables que explican porque un fenómeno como lo son dos terromotos inciden más en una zonas que en otras.
Hasta la fecha, se han contabilizado cuatro fallecidos en la parroquia El Junko y otros cuatro en la parroquia El Junquito. También se reportaron 35 heridos de gravedad que ya fueron trasladados a los hospitales El Algodonal y Pérez Carreño; estos centros de salud fueron los asignados, debido a que los dos CDI y el «hospitalito» de la zona, solo están capacitados para atender heridas moderadas y leves ante esta coyuntura. Para los casos de gravedad, las autoridades canalizan el transporte hacia los centros médicos ya mencionados. Además, hay un aproximado de 120 a 180 damnificados, una estructura tapiada, el colegio Iberoamericano destruido en su totalidad, una calle inoperativa y un barrio desalojado.
No se puede afirmar de forma categórica si existen o no personas desaparecidas. Cuando se realizaron las labores de rescate en la zona más afectada —primero por la población y agentes de la PNB, y luego mediante el trabajo especializado de los intergantes de Protección Civil—, no se encontró evidencia de personas bajo los escombros pidiendo ayuda. Se le preguntó a la comunidad si estaban todos completos, se hizo un censo rápido y se constató que la gente que trabajaba en esa calle ese día estaba allí. Habrá que seguir esperando.
Ahora, ¿es esto una irresponsabilidad por parte de los funcionarios al no seguir buscando bajo los escombros? No. Esa calle es tan inestable en este momento que realizar trabajos profundos con maquinaria pesada solo generaría más inestabilidad en el suelo. Esto pondría en riesgo la vida de quienes trabajan en la búsqueda, sin tener la certeza de si hay alguien vivo o muerto. Por ello, las autoridades decidieron peinar la zona el 26 de junio para que el 27 comiencen las obras de recolección de escombros de forma segura. De nuevo: la zona es tan inestable que no se puede generar más carga con martillos hidraúlicos.

En consecuencia, los damnificados son, en su mayoría, pobladores de la zona conocida como La Toma, cuyas viviendas se ubican debajo de la calle comercial. Este sector siempre ha sido catalogado como de alto riesgo debido a la inestabilidad del suelo, motivada por la erosión que causan el tratamiento sanitario de las cochineras y la quebrada que arrastra las aguas residuales sin canalizar.
La tarea de las autoridades y de la comunidad el 26 de junio fue de convencer a los habitantes de La Toma que sus casas ya no eran seguras, especialmente por el peligro que representa remover escombros con sus viviendas justo debajo de la calle principal. La mayoría no quería irse ante la falta de garantías de recibir un nuevo hogar pronto. Finalmente, a las seis de la tarde, terminó de salir la última habitante de La Toma: una señora de la tercera edad que observaba como su casa ya no sería su hogar.



¿QUÉ PASÓ?
El relato de los hechos, contado por distintos actores, explica que el día 24 de junio, cuando sucedió el devastador siniestro, la respuesta de los Cuadrantes de Paz se presentó de forma rápida en el lugar debido a que, básicamente, todo ocurrió en la zona central económica del pueblo; en el centro de El Junquito todo queda de pie. Los dueños de los restaurantes desalojaron rápidamente a todo el personal y a los comensales. La comunidad se encontró en la calle para conocer el estado de salud de los demás y pasar el susto. En vista de que se escuchaban gritos de auxilio entre los escombros de la panadería tapiada y de los otros negocios que quedaron afectados, la policía y el Grupo A de los bomberos llegaron con rapidez a la calle comercial. Los vecinos del lugar se acercaron a ayudar y todos empezaron a rescatar a los vivos y a los fallecidos. Si bien, el terremoto fue a las seis de la tarde, Protección Civil llegó a la una de la madrugada al pueblo para prestar el apoyo logístico especializado y terminar de rescatar a las víctimas heridas. El pueblo estuvo incomunicado y sin luz por lo menos durante 24 horas, hasta que se restablecieron los servicios de telecomunicaciones y electricidad.

Los camiones para remover escombros llegaron el día 25 y se ha estado trabajando con los ingenieros y obreros de la corporación Juntos Todo el Año en la canalización y barrido de la zona. Mientras tanto, el personal de Protección Civil ha realizado labores de inspección en las casas del sector para analizar la habitabilidad de las mismas. En el kilómetro 25, ayudaron a desalojar a dos familias cuyas viviendas habían colapsado tras el terremoto. Durante los días 25 y 26 empezaron a llegar donaciones de distintas partes del país para los centros de acopio. Como se explicó, el día 26, la Policía Nacional Bolivariana, ingenieros, Protección Civil, voceros de los consejos comunales, vecinos y obreros realizaron la labor de desalojar a las personas de La Toma. Los CDI y el hospitalito han estado en pleno funcionamiento para recibir heridos de las obras y de los lugares afectados.
No existe un centro de operaciones único , central, en el que se reúnen los altos dirigentes para coordinar los siguientes pasos. Todo se ha ido resolviendo entre los centros de acopio de la jefatura, la estación de bomberos o en plena calle comercial. Sin embargo, la logística del orden se ha organizado entre los mismos vecinos de la comunidad: todos se conocen entre sí y por eso la organización es más directa. Existe el apoyo logístico de la corporación Juntos Todo el Año y la canalización de recursos por parte de la alcaldía; del resto, cada vecino se ha organizado con su comunidad y su centro de acopio, ya sea dentro de las organizaciones comunitarias o fuera de ellas.

¿Por qué tanto desorden y zaperoco? No done en plena avenida. NO ESTACIONE EN LAS VÍAS PÚBLICAS.
NO HAGA DE SU CARRO UN ESTORBO. RECUERDE QUE EL JUNQUITO ESTÁ CONECTADO POR UNA CARRETERA ESTRECHA DE DOS CANALES.
Si usted es un ciudadano, un venezolano, que desea ayudar, le recomiendo que se dirija a un centro de acopio que esté organizado en la zona afectada. Si usted es una persona que de verdad quiere apoyar, llevando insumos de forma directa, el pueblo dispone de nueve centros de acopio registrados hasta la fecha:
El ubicado en las instalaciones de la Misión Negra Hipólita (al principio del kilómetro 7).
El de la Unión de Transportistas Catia – El Junquito.
El de la jefatura civil. El de la estación de bomberos. El del CDI Codazzi.
En la sede de Dos iglesias.
La sede de la UNES. El «hospitalito».


Nueve opciones en total. Para su confianza, algunos de estos puntos no cuentan con la presencia de organismos de seguridad y son autogestionados por la comunidad. Y en los que sí hay presencia policial o militar, les aseguro que los funcionarios pertenecen a la misma comunidad de El Junquito; la gente del pueblo es vigilante con cada una de las donaciones que están llegando. la única regla que hay es que sí hay donativos médicos esenciales, todos van hacer canalizados en los CDI o en el hospitalito.
Si usted quiere ayudar aún más y desea apoyar en la logística médica, en las obras de remoción o ser partícipe en los centros de acopio, pregunte dónde puede estacionar su carro en un lugar seguro (les aseguro que los vecinos les pueden prestar sus espacios para guardar el carro), vaya a estos centros de apoyo para ofrecerse como voluntario y quédese atento, esperando (usted como voluntario ya conoce los protocolos de autocuidado en los cursos de primero auxilios y el mínimo indispensable de material para trabajar), mientras la comunidad se organiza. Les aseguro que si se quedan al pie del cañón y se identifican en uno de los nueve puntos, le aseguró que van a ubicar su apoyo cuando lo necesiten. Importante: comprenda que su carro es un estorbo en este momento. Ubique un lugar lejos del kilómetro 7 donde pueda estacionarlo y caminar.
Algunos retos y necesidades de El Junquito
Los habitantes de El Junquito se enfrentan en este momento dos retos a mediano y a largo plazo: En primer lugar, la reubicación de las familias damnificadas de La Toma . Hasta la fecha, varios habitantes del barrio se han reubicado en casas de familiares que viven en el sector. Las autoridades se encontraron concretando y habilitando espacios en la sede de la UNES y evaluando alternativas en los hoteles Montblanc y Gran Hotel como refugios temporales. Sin embargo, al momento de publicar esto, todavía no había certeza confirmada de que estos últimos espacios estuvieran completamente habilitados o disponibles para esta tarea. Como ya se señaló, muchas de estas familias no tienen la garantía de que se les asigne una vivienda digna a mediano o largo plazo, y menos en la coyuntura que vivimos. Hay un profundo sentimiento de miedo y desesperanza en este sentido. Por otra parte, el gran reto para los trabajadores de El Junquito a mediano y largo plazo es la reactivación de la calle comercial . Esta arteria contaba con 40 negocios formales que empleaban, por lo menos, a 20 trabajadores cada uno, sin contar los comercios informales que se asentaban en las aceras techadas. El día 26, el pueblo recibió la visita de varias autoridades del Estado Mayor, como la alcaldesa Carmen Meléndez, y en horas de la noche llegó una comitiva de la Sudeban. A pesar de los despliegues, el futuro de los trabajadores sigue siendo incierto, y muchos tendrán que rebuscarse y desempeñarse en otras tareas de forma improvisada. Analice esto último y piense, con más razón, el valor de sus donaciones para los habitantes de El Junquito.
