Suplemento Especial enero 2026

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EL PODER DE LA COMUNICACIÓN:
El arma Bolivariana
Por Dr. Miguel Alfonzo

No hay duda que los eventos del 3 de enero en Venezuela —marcados por bombardeos en territorio nacional y el secuestro del presidente Nicolás Maduro junto con la primera dama, Cilia Flores — bajo los falsos cargos de “narcoterrorismo” para ser juzgados en tribunales estadounidenses en Nueva York, trascienden las fronteras regionales.

El país cambió desde ese 03 de enero a las 2.00 am., ya no seremos los mismos. La población de la capital y de otros estados, Miranda y La Guaira, fuimos despertados para ver y escuchar con terror las explosiones de un ataque militar realizado por una potencia extranjera por vez primera en la historia de Venezuela.
Durante las primeras horas y días del ataque hubo mucha desinformación, pero a medida que transcurrió el tiempo comenzó a surgir gradualmente informaciones a nivel nacional e internacional, despejando dudas, temores y ayudando a una mayor comprensión de los hechos y los posibles trasfondos. Asimismo, nos permitió obtener un panorama general más claro de los hechos, sus diversas implicaciones y futuros escenarios que se van a presentar en la escala nacional y global.

Es por ello que este artículo quiero tratar la vital importancia de la comunicación y lo que implica la narrativa comunicacional, más en estos momentos que vive la sociedad venezolana. cuando la misma presidenta encargada Delcy Rodríguez reiteró el jueves 15 de enero ante la Asamblea Nacional que Venezuela continúa bajo amenaza de Estados Unidos. “No es que la presidenta encargada tenga miedo porque está amenazada; no. Venezuela está amenazada, Venezuela toda está amenazada. Por eso llamo a la unión nacional, para que con la soberanía por delante demos la batalla diplomática”, frases que indica claramente la grave situación en que se encuentra el país ante la amenaza de una potencia nuclear y letal y con clara apetencia de nuestras riquezas.

La comunicación va a ser una herramienta que nos va ayudar mucho más de lo que imaginamos para la resistencia de una larga lucha que nos tocará vivir el país, más que los 25 años que ha estado la revolución Bolivariana.

 

El metabolismo de la intervención en América Latina y Venezuela (1898-2026):
Del “Corolario Roosevelt” a la “Operación Resolución Absoluta”
Por Hist. Pedro Figueroa Guerrero

Lo que el mundo ha presenciado en la madrugada del 3 de enero de 2026 con la ejecución de la “Operación Resolución Absoluta” y la captura – secuestro del Presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, no representa una anomalía en la política exterior de los Estados Unidos, sino la continuidad dialéctica de un proceso de largo aliento. La agresión militar que sufrió Venezuela y el traslado del mandatario a Nueva York bajo cargos de narcoterrorismo es la expresión física y actualizada de una estructura de dominación que se gestó desde la segunda mitad del siglo XIX para todo el continente. En ese contexto, es fundamental trascender el análisis coyuntural e inmediato de la noticia, para comprender que esta intervención se inscribe en el metabolismo de la hegemonía estadounidense. No estamos ante un evento fortuito, sino ante la aplicación rigurosa de una doctrina / política de Estado, que ha mutado en sus justificaciones, pero que mantiene intacto su núcleo de expansión y control territorial en la periferia capitalista.

Hacia el último tercio del siglo XIX, el capitalismo global entró en una fase imperialista que transformó profundamente la realidad del sistema mundo capitalista, y, obviamente la de Estados Unidos. En su interior, el país experimentaba una reorganización masiva de su industria y su capacidad agropecuaria, lo que impulsó la búsqueda de nuevos horizontes. En esta etapa, el interés de expansión dejó de limitarse a las fronteras terrestres vecinas para adquirir una escala mundial. La necesidad de asegurar materias primas, mano de obra y nuevos mercados obligó a la potencia norteamericana a proyectar su influencia de forma global, consolidando un poderío que buscaba reafirmar su hegemonía en el contexto de esta nueva época histórica.

En ese contexto, es preciso puntualizar que hablar de imperialismo antes del último tercio del siglo XIX resulta un anacronismo histórico. Si bien las luchas de independencia a inicios de esa centuria fueron gestas anticoloniales, el imperialismo,-propiamente dicho.- no es un simple afán de conquista, sino una mutación del sistema-mundo capitalista en su conjunto. En esta fase, las economías de todas las potencias avanzadas se transformaron para competir globalmente, convirtiendo la intervención geopolítica y territorial, en una necesidad orgánica de sus capitales. Por tanto, aunque la resistencia a la dominación extranjera tiene raíces antiguas, el antiimperialismo responde a una lógica de dominación sistémica que solo maduró cuando el capitalismo alcanzó su etapa de expansión mundial definitiva a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

 

VENEZUELA BAJO ATAQUE:
Trauma Psicosocial y Salud Mental Colectiva
Por Dr. Gerardo Sánchez Ramírez

Contexto de una Crisis
La población venezolana ha experimentado una persistente conmoción política y psicosocial a lo largo de más de una década. Este proceso ha incluido golpes de Estado, violencia política, bloqueos y sanciones económicas, así como sofisticadas operaciones de propaganda y manipulación psicológica dirigidas a la población. Estas agresiones, manifiestas y veladas, han derivado en la actualidad en un ataque militar directo en el territorio nacional, con el secuestro del Presidente de la República en funciones y su esposa. Todo ello ha generado profundas turbulencias que trascienden lo estrictamente político y económico, configurando una realidad potencialmente traumática a nivel psicológico colectivo.

Este artículo explora la naturaleza y los efectos del trauma psicosocial que han sufrido gran parte de los venezolanos (independientemente de que residan dentro o fuera del país), utilizando como marco teórico los postulados de la psicología social latinoamericana, en particular los de Ignacio Martín-Baró. Se analiza cómo la violencia, la guerra cognitiva, la polarización extrema y la agresión militar externa han fracturado el tejido social y afectado la salud mental colectiva.

Finalmente, se proponen caminos de acción orientados a reconstituir el tejido social, cultural y comunitario, partiendo de la recuperación de una identidad nacional unitaria que trascienda la polarización y la deshumanización del adversario político. Como base intersubjetiva necesaria y primordial para hacer frente al reto de desarrollar nuestro potencial productivo y económico, condición sine qua non para garantizar nuestra independencia y enfrentar los futuros conflictos geopolíticos que se avizoran.

 

3 DE ENERO DE 2026:
Emergencia de la geopolítica distópica, guerra híbrida y narrativa como arma cognitiva
Por MSc Rolando Graterol Guzmán

Escribir sobre hechos históricos “en pleno desarrollo”, como diría Walter Martínez, implica cargar con una fuerte densidad emocional y enfrentar la complejidad propia de procesos abiertos, donde las tensiones fundantes aún no se han resuelto. En este caso, del ataque militar ejecutado por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 contra Venezuela, con un bombardeo sobre Caracas y en los estados La Guaira, Miranda y Aragua. Dicho ataque dejó más de cien personas asesinadas, entre civiles y militares, y culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, trasladados para ser presentados ante una corte federal en Nueva York bajo cargos de supuesto “narco-terrorismo”. Este hecho no solo marca una ruptura, sino que constituye una contingencia histórica que lleva a múltiples analistas a plantear el fin del orden mundial surgido en 1945, basado formalmente en el Estado de Derecho Internacional. A diferencia de otras intervenciones, la operación ordenada por Donald J. Trump pierde incluso la narrativa legitimadora de las viejas cruzadas por la democracia, los derechos humanos, las crisis humanitarias o la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, debido a que el propio presidente ha declarado repetidas veces ante las cámaras que el verdadero objetivo de la agresión es tomar el control de la vasta reserva petrolera venezolana.

 

¡TAMBORES DE GUERRA!
El desafío de los pueblos frente
a la barbarie imperial
Por MSc Gabriela Jiménez Rodríguez

Estamos en una hora terrible para la humanidad, en la que el silencio también toma partido. En momentos decisivos, los silencios evidencian aquello que se borra.

En este contexto tan complejo, la responsabilidad comunitaria de las científicas, de los científicos, de todo conglomerado humano de investigación y pensamiento pasa por asumir un posicionamiento ético frente a la violencia de una civilización que se desploma. Si no, preguntémonos cuánto nos cuesta la vida.

La pedagogía benjaminiana ―que nos invita a salvar el pasado en el presente― nos recuerda que, «librada a sí misma o acariciada en el sentido del pelo, la historia solo producirá nuevas guerras, nuevas catástrofes, nuevas formas de barbarie y opresión». Por tanto, nos corresponde revisar la historia a contracorriente de la versión hegemónica, si queremos enfrentar y socavar la legitimidad del poder de los colonizadores, antiguos y presentes. Como «los genocidas exigen la represión de la memoria, ya que solo así pueden construir su inocencia» ―siguiendo a Breny Mendoza (2026)(1) ―, hay que hacer de la memoria la activadora de una razón para la vida.

La realidad trágica de una sociedad que normaliza y justifica la tortura y la masacre del que es distinto plasma la señal más abominable de un sistema civilizatorio de muerte, que hoy se autodesmitifica con los EE. UU. La cultura del dominio y el supremacismo con que nacieron los Estados Unidos de Norteamérica, y que hoy su Gobierno exhibe abiertamente y sin ningún recato, al expresar que la «política» se hace por la fuerza y la violencia, no es un overnight: el carácter imperialista de los EE. UU. es expresión de la violencia de Occidente y de sus formas de aniquilamiento y sometimiento de la otredad.

 

¿Quién o quiénes son los verdaderos enemigos de venezuela?
Dra. Mirian Carmona Rodríguez

En este breve, rápido y contundente artículo haré esfuerzos para ofrecerles una aproximación e identificar los enemigos internos y externos de Venezuela, luego del vil ataque realizado de manera desigual y arbitraria por las fuerzas armadas de los estadounidenses, y que sufrimos los venezolanos y las venezolanas que habitamos en Caracas, la Guaira y otras zonas emblemáticas de Venezuela. Para avanzar en el aporte, debemos remontarnos al inicio de la Revolución Bolivariana, con la llegada a la Presidencia de Hugo Chávez Frías, en diciembre del año 1998, y posteriormente la Asamblea Nacional Constituyente que trajo como uno de los resultados la derogación de la Constitución Nacional de Venezuela del año 1961.

Por ello, se promulga la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, donde se establece la llamada “Claúsula Calvo” imponiendo a los inversionistas extranjeros dirimir sus controversias sobre sus contratos con entes públicos, única y exclusivamente en los tribunales venezolanos y de acuerdo a la norma venezolana. No obstante, Venezuela estaba blindada desde la Constitución de 1901, que en su artículo 139 dispuso: “Ningún contrato de interés público celebrado por el Gobierno Federal ó por el de los estados, por las municipalidades ó por cualquier otro poder público, podrá ser traspasado, en todo ó en parte, a gobierno extranjero (…)” Ídem. Las disposiciones antes mencionadas colocaron los contratos de PDVSA con la Exxon, como interés público. Además, por ser de interés público, tales contratos requerían aprobación del Poder Legislativo, de acuerdo al artículo 126 de la Constitución del año 1961, y el 150 de la Constitución Vigente, de 1999. Sumado a lo anterior, encontramos que el artículo 35 del Protocolo de Cartagena de Indias de 1985, reformó la Carta de la Organización de los Estados Americanos, donde claramente se establece respetar la soberanía y autodeterminación de los pueblos, entre ellos Venezuela. Todos esos aspectos establecidos en las leyes venezolanas y tratados internacionales, los ha hecho respetar el Gobierno Bolivariano de Venezuela incomodando los intereses de quienes manejan el poder en EE.UU.

 

La agresión del 3 de enero y la desnudez del Derecho Internacional:
Una crónica leninista
Por Abog. Luisangela Andarcia Rodríguez

El ataque estadounidense del 3 de enero de 2026 contra Venezuela, el secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y de la primera dama, Cilia Flores, y el asesinato de más de 100 personas, entre civiles y militares, no son una decisión errática ni un impulso enloquecido de un presidente demente. Tampoco se trata de un hecho aislado, ni de un fracaso de la diplomacia venezolana. Se trata de la manifestación violenta de un sistema imperial encaminado al colapso que, ante la resistencia popular, recurre a la agresión para reconfigurar el mapa neocolonial.

Ya lo decía Lenin hace apenas un siglo: el imperialismo no es una política opcional de los Estados, sino “la fase superior y última del capitalismo”, un estadio inevitablemente caracterizado por la agresión y la guerra. En su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin argumentó que la existencia de los capitales acumulados en pocas manos conduce a la “lucha por el reparto territorial del mundo” y que cuando el mundo ya ha sido repartido, esta lucha se transforma en una lucha por un “nuevo reparto”, violento por su naturaleza.

Es más, Lenin denunciaba el derecho y la diplomacia de su época como meros instrumentos al servicio de los intereses de los monopolios del poder. Las normas internacionales son una de las varias formas de superestructura jurídica y política destinada a ser abandonada por el poder imperial en el momento preciso en que los intereses de las potencias y las naciones que resisten son incompatibles.

 

INVASIÓN DE EE.UU. A VENEZUELA:
SECUESTRO DEL PRESIDENTE Y LA PRIMERA DAMA Y LAS GUERRAS DEL SIGLO XXI
Por Dr. Ángel Custodio Velásquez

Con la invasión militar de los Estados Unidos a Venezuela el pasado 3 de enero de 2026 y el secuestro del Presidente constitucionalmente elegido por el pueblo venezolano, Nicolás Maduro Moros; y la primera Dama de la República Bolivariana de Venezuela, Cilia Flores; con un saldo de más de 100 muertos entre civiles, incluyendo niños y adultos mayores, y militares, destrozo a la infraestructura, profundos daños psicológicos causados a la población por el terror de las bombas lanzadas, Estados Unidos le declaró la guerra al mundo porque rompió con “Un orden basado en reglas” impuesto por ellos mismos y, ahora, pretenden erigirse como el policía del mundo imponiendo nuevas reglas basadas en sus intereses particulares como potencia, para tratar de erigirse como el hegemón del mundo global.

Con esta agresión contra Venezuela, Estados Unidos le está diciendo al mundo que ellos pueden invadir a cualquier país de la tierra, violar su soberanía y apropiarse de sus riquezas naturales. Es decir, estaríamos ante la legalización del crimen y un pillaje global en medio de un mundo en caos. De manera que, de ahora en adelante, ningún país estará a salvo y todos vivirán en una amenaza latente. Igualmente, otras potencias mundiales pudieran hacer lo mismo con cualquier país que se le antoje: ejemplo, invasión de China a Taiwan y no pasaría nada extraordinario porque la guerra y la muerte se naturalizarían y viviríamos en una geopolítica sin reglas. De ser así, estaríamos asistiendo a una especie de caos total, se perdería la capacidad de diálogo y seguramente pudiéramos ir a una tercera guerra mundial en la que todos perderíamos porque la humanidad fenecería en su totalidad, una posible nueva generación naciente, pudiera sufrir las consecuencias de los daños de las bombas atómicas (matan por una combinación devastadora de onda expansiva, calor extremo (quemaduras) y, crucialmente, radiación ionizante (inicial y en la lluvia radiactiva), tal como lo vivieron los habitantes de Hiroshima y Nagasaki, Japón, en agosto de 1945, por las bombas lanzadas por los Estados Unidos a ese país, como señal enviada a la extinta URSS.

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